Cuentan que hace más de un siglo cuando la Presa de los Serna pertenecía a la Parroquia de Calvillo, las parejas que querían contraer matrimonio, tenían que salir a eso de las cuatro de la mañana o antes rumbo a la parroquia ya que la celebración del rito se llevaba a cabo a las seis de la mañana, cabe mencionar que no existía la actual carretera que comunica la Rinconada con la Presa de los Serna, más bien tenían que irse por el antiguo camino real (por el que pasó Miguel Hidalgo) el cual se ubica en la salida al Terrero del Refugio, atravesar el predio llamado “El sapo” para encontrarse de frente con el “cerro blanco”, por aquellos tiempos el transporte era inexistente por lo que los más acomodados se iban en burro los de escasos recursos a pie, e incluso los más pobres tenían que hacer su itinerario descalzos para así una vez que llegasen a la parroquia pudiesen usar sus zapatos de boda que llevaban en algún viejo morral.
De regreso las personas les esperaban en la casa del novio o de la novia para llevar a cabo la comida que por lo general era un mole de pollo solo para vecinos y familiares cercanos de los novios.
Cuando estalló el movimiento cristero, en el centro del país la guerra fue de una manera más cruenta y algunos historiadores ubican el número de personas muertas en un máximo de 250 mil, entre civiles, cristeros y miembros del Ejército Mexicano, todos ellos muertos en situaciones realmente violentas y sangrientas.
Tal fue la situación de una joven pareja que vivió años atrás y que hoy son los protagonistas de esta historia, Margarita era hija de unos señores campesinos que vivían en un modesto “jacalito” de carrizo, madera y paja ubicado en lo que hoy es “Varas Verdes”, era una chica alegre y muy devota siempre portaba en su cuello un viejo escapulario que le había regalado su abuela antes de morir, Alberto era un hombre trabajador el cual se dedicaba a vender leña que en su burrito llevaba hasta el pueblo de Calvillo y así mantener a su padre enfermo, su madre murió de parto y su única hermana también había muerto de una extraña fiebre.
Margarita y Alberto se conocieron, se empezaron a tratar y con el tiempo se enamoraron, ambos eran buenas personas y excelentes cristianos, pero lamentablemente su amor nació en una de las peores épocas de México: durante el movimiento cristero.
En Calvillo al igual que la mayoría del país se dio la orden de cerrar los templos y se prohibió terminantemente a los habitantes practicar su religión, los sacerdotes se tenían que disfrazar y otros más esconder en las barrancas o en las casas de los fieles.
Este era el escenario en el que se desarrolló la historia de estos jóvenes, cierto día Alberto decidió dar un paso más en su relación y pidió matrimonio a Margarita, cuando escuchó la propuesta sus ojos se llenaron de lagrimas, Alberto le comentó que ya había hablado con un sacerdote que los iba a casar en el campo de manera clandestina en total secreto, el sueño de Margarita era llegar vestida de blanco al altar, pero por esos tiempos difíciles jamás pudo realizar su anhelado deseo.
Margarita aceptó casarse en el campo y se resignó a hacerlo sin ningún vestido especial, se llegó el día de la boda y ambos partieron rumbo a Calvillo al campo donde se efectuaría el casamiento, Alberto llevaba una carta escrita a mano por el cura donde este aceptaba casarlos en tal fecha desobedeciendo la ley del Estado, realizando la ceremonia en total secreto, cuando iban de camino ambos decidieron hacer un alto en un viejo mezquite que había al lado del camino allí decidieron retomar fuerzas para el camino, mientras descansaban unos militares a caballo les alcanzaron:
¿Qué hacen aquí? –Preguntaron- ¿hacia donde se dirigen? –Preguntó un militar- Alberto respondió que iban al pueblo por qué Margarita se encontraba enferma un militar descendió de su caballo y decidió revisar si Margarita tenía fiebre o algo, al hacerlo pudo ver en el cuello de la joven aquél escapulario que su abuela le regaló. ¿Eres católica? -Preguntó el militar- asustada Margarita respondió que sí con apenas un ligero movimiento de cabeza.
¿Que no saben que ahora está prohibida la religión en México? -Dijo el oficial- Margarita del terrible miedo que sintió no respondió, por lo que el militar enfurecido le dio una fuerte bofetada que hizo caer a Margarita hasta el suelo, Alberto lleno de impotencia quiso golpear al militar pero este antes le golpeo con la cacha de su rifle, al hacerlo Alberto cayó también al suelo, al caer el militar observó que algo sobresalía de entre la camisa del joven, era la carta del sacerdote y en tono déspota exigió que le dijera que era ese documento, al no recibir respuesta alguna, arrebato de entre sus pertenencias de Alberto el papel, fue en ese momento cuando el soldado descubrió que ellos a donde realmente iban era a casarse, el militar aun mas enfurecido les preguntó que donde se llevaría a cabo el rito, para así sorprender al sacerdote y darle una lección por desobedecer las leyes que prohibían las manifestaciones de culto.
Alberto y Margarita se negaron a decirle donde es que el cura les esperaba, después de insistentes maltratos y golpes el militar muy enérgico les dijo: -Se las voy a poner fácil, o el cura o ustedes, si me dicen donde les espera los dejare ir, pero si se niegan a decirlo; les mataré, juro que lo haré, Margarita solo tomó su escapulario y lo estrechó muy fuerte en su pecho llena de temor.
Ante su firme silencio el militar tomó la terrible decisión de colgarles del viejo mezquite donde descansaban, fue así como Alberto y Margarita jamás pudieron realizar el sueño de ser esposos, sus cuerpos fueron dejados colgados a manera de escarmiento para que lo vieran todos los que pasaran por el lugar.
Desde entonces a ese mezquite se le llama “El mezquite de los novios” y tras la culminación de la persecución cristera, los novios que iban a casarse durante su recorrido descansaban en ese viejo árbol en recuerdo de aquellos jóvenes que jamás realizaron su sueño.
Tiempo después también se volvió a colgar a un hombre mas de una de sus ramas, hoy en la actualidad aun existe ese árbol y hay quienes dicen que en ese lugar, se ha visto vagar el espíritu de Alberto y Margarita, otros más, sobre todo aquellos que muy temprano caminan rumbo a sus parcelas aseguran haber visto a una mujer de blanco sentada al pie del árbol, la cual desaparece apenas te acercas, algunos otros cuentan que al acercarse al árbol les avientan piedras en medio de lamentos como impidiendo que se acerquen al lugar, también se dice que al caminar por allí sienten como alguien camina a sus espaldas y al girar pueden ver a dos jóvenes tomados de la mano que les miran fijamente, son varios los testimonios sobre este árbol lleno de historia, que se localiza rumbo al “Sapo” y la “Mesa” por el viejo camino que conducía a Calvillo.
Lo que sí es verdad es que estar frente a este árbol y en este lugar transmite un clima de verdadero terror y tristeza a la vez por aquellos jóvenes novios, por eso la próxima vez que pases por este lugar y escuchas algo raro tras de ti es mejor que no gires hacia atrás porque te podría preparar una gran sorpresa el antiquísimo Mezquite de los novios.
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jueves, 7 de noviembre de 2013
Leyendas: El Tesoro de los Cristeros
Cuenta la tradición oral de las viejas generaciones que en Presa de los Serna existe una pequeña red de túneles que comunica por el subsuelo de los antiguos pozos del pueblo, hasta algunas de las viejas casonas y a otros lugares secretos del lugar. Estos túneles, según la leyenda, servían para refugiarse o escapar de los eventuales ataques que se llevaron a cabo durante la Revolución Mexicana y durante el Movimiento Cristero.
Se dice que durante los constantes ataques que sufrían las personas por aquellos tiempos el poco o mucho dinero y pertenecías valiosas que se tuvieran eran escondidos por sus dueños en esos túneles que habían sido cavados por debajo de la tierra, se habla de grandes tesoros también que fueron escondidos en barrancos y cuevas productos de los vastos saqueos y robos que se hicieron a haciendas, iglesias y casonas de aquella época.
En la vieja casona donde estuvo ubicada la casa de los Serna mismos que asesinó el revolucionario José Velasco, existe un viejo pozo en el que muchos aseguran se encuentra una de las entradas principales a los túneles y en los que se guarda un gran tesoro perteneciente a los hermanos Serna, lo que sí es verdad es que aun hoy en la actualidad ese pozo sigue sin ser explorado y aun mas sorprendente es la excesiva profundidad que parece tener.
Al parece estratégicamente los túneles conectan hasta los más viejos pozos del lugar con algunas de las principales casonas, un par de estos pozos desgraciadamente ya han sido tapados. Cuentan que durante la construcción del puente “Gómez Morín” al realizar las excavaciones para los cimientos justo en uno de los extremos de la cortina de la presa de entre una grandes piedras se encontró un viejo pozo con piedras que fungían como escalones, lo cual aparentemente servía para bajar hacia las profundidades, pero dicho pozo parecía haber sido aterrado con piedras, para poder continuar con la construcción del puente fue necesario aterrar el pozo en su totalidad. ¿A donde llevaba ese pozo? ¿Sería alguna de las entradas a los legendarios túneles?
Hay quienes aseguran que además existe un túnel escondido en las entrañas de la barranca en la que desemboca el agua de la vieja presa, justo en el cerrito denominado “la nariz” cuentan que por entre dos enormes piedras que se encuentran en el lugar se accede hasta las profundidades del cerro, el espacio es tan reducido que solo puede caber una persona de complexión delgada y arrastrándose un poco hasta quedar dentro del lugar.
Don Guadalupe era un hombre un tanto anciano que como todos los días bajaba hasta el fondo del barranco con la finalidad de encontrar leña para su hogar y para uno que otro cliente que se lo pidiera, el comentó que mientras cortaba leña de un viejo árbol seco escuchó como justo a sus espaldas parecía oírse el tintineo de cientos de monedas que caían al suelo: “Como si alguien hubiese vaciado una cubeta de estas sobre una roca o una superficie firmé” afirmó.
Sorprendido Don Guadalupe giró hacia su izquierda con la finalidad de ver de qué se trataba o que podía ser ese extraño ruido que era obvio parecerían ser bastantes monedas, al hacerlo se dio cuenta que de entre unas rocas del barranco y de lo que parecía ser una madriguera salía un brillo realmente destellante; “Era como si el sol estuviera dentro” contó el señor a su familia, un tanto consternado termino de hacer su tercio de leña y partió hacia su casa.
Ya en la cena el señor entre platica y platica contó lo sucedido, fue entonces cuando la esposa le contó que ella recordaba que su padre le había contado una vez que durante la guerra de Revolución y el Movimiento Cristero las personas solían esconderse en barrancos a los que era difícil el acceso y que uno de esos lugares que sirvió precisamente como refugio era justamente esa barranca, y que en ella habían sido escondido las pertenencias de los más adinerados de los alrededores. ¿Y si era el tesoro de los cristeros? Preguntó el hijo mayor.
Al siguiente día muy de mañana partieron don “Guadalupe” y su hijo mayor hasta el fondo del barranco con la finalidad de explorar esa “misteriosa luz”, pero la sorpresa fue mayor cuando llegaron al lugar y no parecía haber rastro de ninguna luz brillante y aun más sorprendente no había ningún agujero ni madriguera ni nada, solo el rastro donde el día anterior el señor hizo su leña. Arrepentido de no haber aprovechado la oportunidad de haberse acercado más para ver de qué se trataba el señor regreso a su casa, muchas son las personas que han tenido la oportunidad encontrarse con el tesoro, pero por miedo o a veces indiferencia se alejan del lugar cuando recapacitan o cuentan lo sucedido y regresan no encuentran rastro alguno.
Cuando don Guadalupe contó lo sucedido varias personas comenzaron a bajar esa barranca con curiosidad, morbo y hasta incredulidad pero siempre con la finalidad de encontrar esa puerta misteriosa que parece ser el acceso a un túnel en el que podría seguir oculto y causando curiosidad entre los pobladores, el tesoro de los cristeros.
Se dice que durante los constantes ataques que sufrían las personas por aquellos tiempos el poco o mucho dinero y pertenecías valiosas que se tuvieran eran escondidos por sus dueños en esos túneles que habían sido cavados por debajo de la tierra, se habla de grandes tesoros también que fueron escondidos en barrancos y cuevas productos de los vastos saqueos y robos que se hicieron a haciendas, iglesias y casonas de aquella época.
En la vieja casona donde estuvo ubicada la casa de los Serna mismos que asesinó el revolucionario José Velasco, existe un viejo pozo en el que muchos aseguran se encuentra una de las entradas principales a los túneles y en los que se guarda un gran tesoro perteneciente a los hermanos Serna, lo que sí es verdad es que aun hoy en la actualidad ese pozo sigue sin ser explorado y aun mas sorprendente es la excesiva profundidad que parece tener.
Al parece estratégicamente los túneles conectan hasta los más viejos pozos del lugar con algunas de las principales casonas, un par de estos pozos desgraciadamente ya han sido tapados. Cuentan que durante la construcción del puente “Gómez Morín” al realizar las excavaciones para los cimientos justo en uno de los extremos de la cortina de la presa de entre una grandes piedras se encontró un viejo pozo con piedras que fungían como escalones, lo cual aparentemente servía para bajar hacia las profundidades, pero dicho pozo parecía haber sido aterrado con piedras, para poder continuar con la construcción del puente fue necesario aterrar el pozo en su totalidad. ¿A donde llevaba ese pozo? ¿Sería alguna de las entradas a los legendarios túneles?
Hay quienes aseguran que además existe un túnel escondido en las entrañas de la barranca en la que desemboca el agua de la vieja presa, justo en el cerrito denominado “la nariz” cuentan que por entre dos enormes piedras que se encuentran en el lugar se accede hasta las profundidades del cerro, el espacio es tan reducido que solo puede caber una persona de complexión delgada y arrastrándose un poco hasta quedar dentro del lugar.
Don Guadalupe era un hombre un tanto anciano que como todos los días bajaba hasta el fondo del barranco con la finalidad de encontrar leña para su hogar y para uno que otro cliente que se lo pidiera, el comentó que mientras cortaba leña de un viejo árbol seco escuchó como justo a sus espaldas parecía oírse el tintineo de cientos de monedas que caían al suelo: “Como si alguien hubiese vaciado una cubeta de estas sobre una roca o una superficie firmé” afirmó.
Sorprendido Don Guadalupe giró hacia su izquierda con la finalidad de ver de qué se trataba o que podía ser ese extraño ruido que era obvio parecerían ser bastantes monedas, al hacerlo se dio cuenta que de entre unas rocas del barranco y de lo que parecía ser una madriguera salía un brillo realmente destellante; “Era como si el sol estuviera dentro” contó el señor a su familia, un tanto consternado termino de hacer su tercio de leña y partió hacia su casa.
Ya en la cena el señor entre platica y platica contó lo sucedido, fue entonces cuando la esposa le contó que ella recordaba que su padre le había contado una vez que durante la guerra de Revolución y el Movimiento Cristero las personas solían esconderse en barrancos a los que era difícil el acceso y que uno de esos lugares que sirvió precisamente como refugio era justamente esa barranca, y que en ella habían sido escondido las pertenencias de los más adinerados de los alrededores. ¿Y si era el tesoro de los cristeros? Preguntó el hijo mayor.
Al siguiente día muy de mañana partieron don “Guadalupe” y su hijo mayor hasta el fondo del barranco con la finalidad de explorar esa “misteriosa luz”, pero la sorpresa fue mayor cuando llegaron al lugar y no parecía haber rastro de ninguna luz brillante y aun más sorprendente no había ningún agujero ni madriguera ni nada, solo el rastro donde el día anterior el señor hizo su leña. Arrepentido de no haber aprovechado la oportunidad de haberse acercado más para ver de qué se trataba el señor regreso a su casa, muchas son las personas que han tenido la oportunidad encontrarse con el tesoro, pero por miedo o a veces indiferencia se alejan del lugar cuando recapacitan o cuentan lo sucedido y regresan no encuentran rastro alguno.
Cuando don Guadalupe contó lo sucedido varias personas comenzaron a bajar esa barranca con curiosidad, morbo y hasta incredulidad pero siempre con la finalidad de encontrar esa puerta misteriosa que parece ser el acceso a un túnel en el que podría seguir oculto y causando curiosidad entre los pobladores, el tesoro de los cristeros.
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